12/6/11

Capítulo 2. Cuentos para niños

El inconfundible sonido de unas persianas abriéndose la despertó,y la irritante luz del Sol le dio de lleno en la cara. Se removió a regañadientes entre las sábanas,de malhumor, y se oyó murmurar:
-Mamá, estamos de vacaciones, déjame dormir un poco más.
-Me parece que ya has dormido suficiente tiempo, Léa - Respondió una voz conocida. Aunque no era la que ella esperaba.
Se incorporó sorprendida, y al instante un dolor atroz le partió la cabeza en dos. La vista se le nubló por un instante, y se aferró con fuerza a la cama con los puños, tratando de recuperar la compostura. Se llevó las manos a la cabeza, y palpó algo que se la envolvía: una venda. Estupefacta, miró a su alrededor. Logró enfocar a Marie, que la miraba expectante  en una posición que indicaba que había hecho el amago de levantarse e ir hacia ella pero que en el último momento había decidido que no era una buena idea.  Paseó la vista por el resto de la estancia. Su habitación estaba tan desordenada como siempre;con montones de ropa sobre la silla y la mesa y los libros del instituto tirados por el suelo.
Marie, que parecía haber cambiado de opinión, se levantó y se se sentó en la cama. La miró un momento y la estrujó en un fuerte abrazo. El ímpetu de Marie hizo que su dolor de cabeza aumentara y su vista se nublara de nuevo, pero no la apartó. Era justo algo como eso lo que necesitaba para sentirse bien.
-Estábamos muy preocupados-le dijo Marie, abrazándola aún más fuerte- Creíamos que ya no ibas a despertar.
-Marie, acabo de despertarme, me duele muchísimo la cabeza y tengo una venda en la cabeza que no sé cómo ha llegado ahí ni por qué -replicó Léa, enfadada.- Así que te agradecería que me dijeras qué es lo que pasa, en vez de decir cosas que sólo me confunden.
Marie se separó de ella y la miró consternada, agarrándole los hombros. De pronto, dio un brinco y se puso en pie.
-Mierda, se me olvidaba.Tengo que avisar a tu madre. No te muevas de aquí - Léa soltó una risita irónica y masculló algo que sonó como "En todo caso, ¿a dónde iba a ir en este estado?" pero Marie ya había salido corriendo .Aún estando confusa y enfadada, Léa no pudo evitar sonreír. Marie siempre era así, tan vívaz y sonriente que te acababa contagiando su felicidad. Esa era una de las cosas que más le gustaban de ella.


Pero ese optimismo y felicidad solo duraron unos segundos. Sin Marie y su sonrisa, la confusión y las preguntas sin respuesta volvieron a ocupar toda su mente. Había vuelto a tener una pesadilla, pero esta vez había sido tan real...
No la recordaba con perfecta claridad. Sabía que era algo relacionado con su cumpleaños, con Will ,con un monstruo de garras afiladas, con un golpe en la cabeza...Se tocó la cabeza en busca de un chichón,y ahí estaba, en su nuca, enterrado tras varias capas de tejido antiséptico. Soltó un grito de histeria y comenzó a sacar conclusiones. Pero no tardó mucho en regañarse a sí misma.
"No,no, no, no. No puede ser. No seas estúpida, los montruos no existen"
Se sintió como una niñita inocente al haber pensado algo tan tonto. Con mucho esfuerzo, bajó de la cama en busca de respuestas, olvidando las palabras de Marie, y se dirigió a la puerta. Cuando aún no había agarrado el pomo de la puerta,ésta se abrió de pronto y le asestó un golpe en plena cara.
-¡LÉA! ¡Ay, Dios!  ¡Lo siento cariño, no te había visto!-gritó su madre mientras la ayudaba a levantarse del suelo.

Léa se acomodó en el sofá del salón. Sus padres habían prometido darle explicaciones si se daba una ducha primero, al fin y al cabo, según había podido deducir, llevaba varios días inconsciente y seguro que no olía de una forma muy agradable. El agua le había relajado y le había aclarado un poco las ideas. No había podido parar de pensar, de darle vueltas a todo y de tratar de encontarle sentido, pero no había llegado a ninguna conclusión razonable. Marie se había marchado a casa tras darle un abrazo a Léa, y le había avisado de que dentro de un rato Will se pasaría a visitarla.
Sus padres estaban sentados en el sofá de enfrente. Léa los observó con detenimiento. Sandra estaba muy nerviosa, cosa que no era habitual en ella. Siempre había estado muy segura de todo, sobre todo cuando se trataba de no dejar a Léa volver después de las 10. Llevaba el liso y pelirrojo  cabello recogido en una coleta y vestía ropas sencillas; una camiseta amplia y vaqueros.
Su padre, Nicolas,estaba sentado al lado,con un rostro muy serio,nada que ver con su habitual sonrisa y sus gafas torcidas.
Los dos tenían aspecto cansado, con ojeras bajo los ojos.
-Léa...-comenzó a decir su madre.- Déjanos que te contemos una historia. Es posible que te parezca un cuentecillo, una simple historia para niños, pero presta atención porque es muy importante.
Léa asintió, cohibida ante tanta seriedad. Y se dispuso a escuchar a su padre.




-Hace miles de años un poder llegó hasta las manos de los hombres.  Hay mil historias diferentes, culturas y religiones que  lo explican de diferente manera; pero al fin y al cabo todas quieren decir lo mismo.¿Conoces la historia del arca de Noé?

Léa asintió, y Nicolas prosiguió.

-El Génesis, el primer libro de la Biblia, afirma que Dios, al ver el mal que causaban los seres humanos, quiso acabar con su existencia. Pero había un hombre que merecía vivir, y ese era Noé. Dios mandó a Noé construir una arca para él, para toda su familia y para parejas de distintas especies animales. Dios hizo descender sobre la Tierra al peor diluvio de todos los tiempos, el gran diluvio universal. Llovió sin parar durante cuarenta días, y cuando las condiciones lo permitieron, Noé y su familia reconstruyeron la vida en la Tierra.

Léa miró atónita a sus padres. Su familia era atea, y no entendía a qué venía esa trola de la Biblia, que era totalmente surrealista. Desde luego, había que ser tonto para creérsela.

-La versión griega no es muy distinta: Zeus ordenó a Poseidón que provocara un diluvio que acabase con la existencia humana, porque los hombres habían aceptado el fuego que el dios Prometeo había robado del Olimpo. El mortal Deucalión y su esposa fueron los únicos supervivientes, porque Prometeo les había advertido anteriormente y les había ordenado construir un arca y rescatar parejas de animales.


Nicolas hizo una pausa y luego prosiguió.
-La cultura hindú cuenta que  un rey llamado Manu fue avisado del diluvio por una encarnación de Visnú en forma de gigantesco pez, llamado Matsya. Matsya arrastró el barco de Manu y lo salvó de la destrucción. El diluvio hindú fue mucho más devastador, ya que el agua no provenía de las nubes de nuestro planeta, sino que provenía de una creciente del océano que se encuentra en el fondo del universo.
También hay otras culturas menos conocidas que tiene su propia explicación para lo sucedido. La cultura Mapuche, por ejemplo, lo explica mediante la siguiente leyenda: hace millones de años había dos serpientes, una llamada Treng treng vilu, protectora de los hombres, y otra llamada Caicai vilu, enemiga acérrima del género humano. Un día, los humanos fueron advertidos por Treng treng vilu de que la culebra enemiga les preparaba un exterminio mediante una terrible salida del mar y les instó a refugiarse en el cerro sagrado que ella habitaba, a donde sólo acudieron unos pocos. Los refugiados se salvaron y los que fueron alcanzados por las aguas quedaron convertidos en peces, cetáceos y rocas.

Léa estaba totalmente abstraída. Nicolas solía contarle historias así para dormirla por las noches cuando era niña, pero nunca había funcionado del todo bien: una vez que empezaba un cuento, Léa, intrigada, solía preguntarle más y más hasta que el que acababa dormido era él.

-A lo que quiero llegar, Léa, es a la historia de “les gardiens de la Clé”, a NUESTRA historia.

“¿Nuestra?¿de qué está hablando?”


-En realidad, nuestra historia es sólo una pequeña parte de otra, la primera que te he contado: la versión bíblica. La sociedad machista en la que vivimos ha olvidado su nombre, y ha decidido darle el mérito a un hombre. Naama era la joven prometida de Noé. Fue muchísimo más importante que el propio Noé; gracias a ella todo es como es hoy en día.
Los hechos no son muy claros, y no se sabe a ciencia cierta de dónde provino el poder. Algunos dicen que un ángel bajó de los cielos y se lo entregó a Naama con el fin de acabar con la corrupción y la maldad. Otros dicen que fue el mismo Lucifer, que pretendía acabar con la vida humana. Lo que sí que está claro es que Naama, después de buscar durante años a las personas que merecían sobrevivir y formar el grupo de los “gardiens de la Clé”, usó el poder, provocando el diluvio universal. Después de ello, la Clé sobrevivió y repobló la Tierra. Hoy en día, el poder sigue entre nosotros. Naama se lo cedió a su hija, y así sucesivamente. El Poder sigue hoy en la Tierra, en manos de la última descendiente de Naama, para volver a acabar con la maldad si es necesario. Tu madre fue su portadora durante un tiempo, y después te lo cedió a ti.  Tú eres la actual Guardiana del Poder.
-¿Soy la Guardiana? ¿Tengo un Poder? ¿Mamá me lo cedió? - Desbordada, Léa buscó a su madre en busca de respuestas.
Ella bajó la cabeza, avergonzada. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas, y Nicolas la abrazó por los hombros. Ella movió la boca tratando de decir algo, pero las palabras se ahogaron en lágrimas. Finalmente, alzó la cabeza y susurró:
-Tu verdadera madre.
Aquellas palabras golpearon a Léa como un puñetazo en el estómago.
-¿Mi... verdadera.. madre...?-dijo a bocanadas al cabo de un rato.
Sandra rompió a llorar con más intensidad, y Nicolas la abrazó más fuerte. Mirando a Léa, continuó.
-Tus padres biológicos están muertos. Sandra y yo éramos sus mejores amigos, así que te hemos cuidado en su lugar.
Léa asimiló las palabras con lentitud. Unos minutos después encontró la voz suficiente para preguntar:
-¿Cómo murieron?
Sus padres intercambiaron una mirada nerviosa. Luego, Sandra se aventuró a hablar.
-Los asesinaron. La Orden del Cuervo los mató. Se colaron en la fortaleza en plena noche e iniciaron una guerra. Buscaban el poder, pero no lo consiguieron. Tú te lo llevaste.
 Léa se quedó en silencio. Sandra se levantó e hizo un ademán de abrazarla, pero Léa se apartó y se levantó.
-Léa...-el dolor quebró la voz de su madre.
-Necesito un rato para pensar.- Se levantó lentamente, sin ser plenamente consciente de la situación, y echó a andar hacia la puerta principal. Salió a la calle corriendo, sin mirar atrás.

4 comentarios:

  1. Como historia, me encanta. :D
    Incluso diría que os habéis alejado un poco del estilo de Cassandra Clare, lo cual está muy bien ^^ (sé que estáis intentando que la historia no se parezca a las de ella pero me refiero sobre todo al estilo de escritura). Lo único que os digo es que cuando Léa habla con Marie y dice: "me duele la cabeza... tatatata y tengo una venda en la cabeza" queda un poco repetitivo. También en el primer párrafo en el que habláis de Dios, es como Dios, Dios, Dios todo el rato. PERO, me encanta. Lo de las distintas religiones es un ùntazo! ;) xD
    Un beso, chicas :)

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  2. Hola clicas. Me gusta mucho vuestro trabajo, pero me gustaria que volvierais a leer el capitulo uno.
    La historia se está complicando....
    seguir asi

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  3. Muchas Gracias,pero,¿a que te refieres con que volvamos a leer el capítulo uno?

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  4. Yo lo que quiero es que subáis el próximo capítulo T.T xD

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